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Discernimiento de Carismas
El Apóstol Juan nos anima a probar los espíritus (1
Jn 4) y durante los años la Iglesia ha desarrollado
el criterio de determinar si los frutos son buenos o
malos (Mt 7:15-20). San Juan nos enseña que si
alguien niega que Jesucristo ha venido en la carne
(1 Jn 4:3) es una prueba de que la persona no tiene
el Espíritu de Dios. Podemos llamar a esto la prueba
doctrinal de los frutos. El Espíritu de Dios nunca
se alejará de la verdad sobre Cristo. Como la
Iglesia es una extensión del misterio de la
Encarnación, el Espíritu de Dios nunca te alejará de
la Iglesia Católica o de sus enseñanzas.Similarmente
el Espíritu de Dios nunca lo alejaría a uno de la
práctica de la fe (moral, devocional o sacramental).
Cristo nos ha dado los medios para la salvación y el
Espíritu nunca nos privaría de ellos. Este se podría
llamar el examen práctico de los frutos. "No es el
que me dice: Señor ! Señor !, el que entrará en el
Reino de los Cielos, sino el que hace la voluntad de
mi Padre del Cielo (Mt 7:21-23). Dicho de una manera
positiva, la actividad del Espíritu Santo (incluídos
los no católicos) debe necesariamente tender hacia
la verdad Católica y la unidad (doctrina y práctica)
no importa cuan remota parezca esta unidad.Por otra
parte, el Espíritu que reconoce que Jesucristo vino
en la carne, es de Dios ( 1 Jn 4:2 ). Esta doctrina
correcta es un motivo de credibilidad en la
autenticidad de un carisma o evento. Una persona
puede estar actuando por el espíritu humano
fortalecido por la fe y puede no estar manifestando
un don extraordinario. Para determinar si un
fenómeno dado excede la naturaleza humana, es
necesario de un discernimiento más que ortodoxo. Por
ejemplo, en el caso de una aparición, cuando un
obispo declara un evento de "digno de creer" o "no
digno de creer", el obispo lo hace basado en
criterios científicos (puede ser explicado ?) y
teológico (viene de Dios ?). Así que la ortodoxia es
el comienzo necesario del discernimiento pero no el
final.Hay otra dimensión del discernimiento que debe
ser considerada. Puesto que los carismas son dados
para la edificación de la Iglesia, no hay ninguna
conexión necesaria con la santidad personal. Santos,
pecadores y hasta no creyentes han manifestado estos
dones. Al profeta pagano Balaam le fue dado el
Espíritu Divino de la profecía para autenticar a
Israel como el Pueblo de Dios (Num 22) Así que el
estado moral del receptor (bueno o malo) no indica
por sí mismo un verdadero o falso carisma. Estando
bajo la coacción del Espíritu de Dios, no obstante
el verdadero carismático no podría decir ni hacer
nada contrario al Espíritu. Nadie podría decir, por
ejemplo, que el Espíritu de Dios lo llevó a
emborracharse o ha hacer algo pecaminoso, aunque
pueda que en otros momentos haga esas cosas.
Hablando prácticamente, las diversas instancias de
los carismas extraordinarios dentro de la Renovación
Carismática, nunca serán escrutados oficialmente por
la Iglesia. Los sacerdotes y laicos asociados con la
Renovación deben ser los más adecuados para
discernir cada caso por sí mismos, de acuerdo al
criterio teológico de la Iglesia y a la prudencia.
Es más fácil descartar un fenómeno como no
proveniente de Dios que lo es el poder definir su
origen (humano o divino) . La pregunta básica hecha
en oración debe ser "¿es este evento particular un
ejemplo creíble de la acción del Espíritu de Dios
-un Espíritu incapaz de mentir o pecar y que solo
puede llevar a la gente (hasta no católicos) a una
fe Católica más profunda y a la unidad? Esto puede
hacer mucho para protegernos del león durmiente (1
Pe 5:8), aunque no pueda producir el juicio de que
algo es ciertamente de Dios -un hecho que solo la
Santa Sede puede definir finalmente.
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