P. Raniero Cantalamessa.// Foto: José Luis Alonso.

Aprovechando una pausa del Encuentro Nacional de la Renovación carismática, el Padre Cantalamessa dialogó con varios medios de comunicación, entre ellos a ALBA. Este capuchino de 75 años habla de forma tranquila pero con determinación. Sentado detrás de una mesa, parece que va a dar una lección magistral. Pero no, se trata de todo lo contrario. “El Espíritu Santo no se necesita impresionar a la gente con palabras difíciles”.

De entrada -y directamente al grano, se podría decir-, se le pregunta por un supuesto alejamiento de la Renovación Carismática respecto de las cuestiones sociales como la familia o la pobreza. En cierta medida, se la esperaba, de ahí que responda sin pestañear. “En primer lugar hay que recordar la doctrina del carisma”, aclara. ” Es un punto que siempre subrayo, especialmente cuando hablo en América Latina: que en la Iglesia no todos pueden hacerlo todo. Hay asociaciones, movimientos y personas que están más llamados a cuidar de los problemas sociales, políticos, de los cambios estructurales, etc…. Y hay realidades que cuidan más de la palabra de Dios, de su primado y del espíritu”.

Prosigue: “Mi sugerencia es que todos sean alegres y que cada uno considere al otro no como un adversario sino como a alguien que tiene otro carisma. Esto, obviamente, no explica todo. Cada cristiano ha de cuidar de los pobres. La particularidad de la Renovación Carismática es su manera de hacer esto: es decir, transformar a las personas antes de transformar las estructuras. Dar a las personas una motivación profunda y evangélica para ir a la acción social y política. Porque, si no, la inspiración fundamental será de naturaleza política o social y no espiritual. Y me consta que en la Renovación Carismática han sacado adelante iniciativas sociales muy eficaces. Tal vez no muy publicitadas pero sí capilares. De lo que se trata no es de descubrir a Cristo a través de los pobres sino a los pobres a través de Cristo”. Llega la primera conclusión: “Hay que partir de la renovación profunda del corazón”. Más claro, el agua.

Sobre si su compromiso con la Renovación ha cambiado si visión del sacerdocio, afirma que “nada ha cambiado en mi vida y todo ha cambiado. Era sacerdote y he seguido siendo sacerdote. Ha cambiado la manera de hacerlo y lo que ha cambiado no es mi relación con la Iglesia sino mi relación con Cristo“. Este último concepto - la relación personal con Cristo- es, para Cantalemessa, la clave para una vida espiritual sana. “Porque esto después proporciona una manera nueva de vivir el matrimonio para los casados y el sacerdocio y la vida religiosa para los consagrados”.

La humildad de los Papas

“¿Donde está la diferencia?”, se pregunta. Respuesta: “Que se vive en el Espíritu de Jesús, no se vive la vida religiosa como una serie de deberes o una estructura. El primer efecto del Espíritu Santo es, precisamente, no ver a Jesús como un conjunto de doctrinas y dogmas, sino como una persona presente en el mundo”.

Y siempre, claro está, con ese elemento esencial que es la alegría. Una de las prédicas de Adviento que impartió ante el Papa en diciembre de 2007 se titulaba “Ser alegres en la esperanza”. “En esa charla”, recuerda, “mi intención era explicar que hay que ser alegres porque un día esperamos que gozaremos de la vida eterna“. Y aprovecha para desterrar un equívoco. A los cristianos se les acusa de no ser alegres en la tierra para serlo en el Cielo. “Hay que aclararlo: los cristianos están alegres precisamente ahora porque la esperanza proporciona alegría. Un poeta italiano decía que la mayor alegría no se produce el día festivo, sino la víspera, cuando se espera a la fiesta. Y esa sería la manera cristiana de ser alegre: en este momento gozan porque la fuente principal de la alegría es la esperanza”.

El cargo que desempeña desde 1980 en el primer círculo pontificio significa, entre otras cosas, que atesora un rico anecdotario tanto sobre Juan Pablo II como sobre Benedicto XVI. Sin embargo, ese cargo también conlleva una obligación de discreción, lo que no es óbice para destacar que “el cardinal Ratzinger era uno de los más asiduos a la Predicación. Siempre estaba en primera fila, tomando apuntes. Tener en frente al Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe preocupa”. Pero, a continuación, añade que destaca la humildad de ambos. “Tenían -y tienen- tiempo para escuchar a un simple sacerdote de la Iglesia. El Papa nunca falta. Una vez, Juna Pablo II faltó dos veces por encontrarse de viaje en América Central. Cuando regresó, pidió perdón”.

Pregunta inevitable: “¿Cómo encaja que usted sea una persona de profunda formación teológica y bíblica y que tenga una experiencia carismática que se asocia a gente sencilla?” Respuesta íntegra. “Tengo un programa semanal en el primer canal de la RAI. Allí he pedido un año sabático pero me han pedido que siguiera porque puedo decir las cosas más profundas en un lenguaje accesible a todos. ¿De dónde me viene esto? Tal vez el Señor me diera un don natural. He dado clases en la Universidad y la enseñanza me ha ayudado a hacer entender las cosas. Después, el Espíritu me ha ayudado porque en Él no se necesita impresionar a la gente con palabras difíciles. El Espíritu Santo es sencillez”.

Llegar a la gente

No olvida, sin embargo, rendir su particular homenaje a los medios y reconocer el papel positivo que han tenido en su discurso. “También me ha ‘educado’ el uso de los medios de comunicación, sobre todo la televisión, si la gente no te entiende, cambia de canal. Es esencial poder llegar a la gente. El lenguaje del pueblo significa interesarse a los problemas del momento, es lo que hacía Jesús. Siempre digo que era el ‘predicador más televisivo que se puede imaginar’”.

No podía faltar, por supuesto, una alusión al arte de la homilía. También en este caso, vuelve a resaltar la importancia de una “relación más profunda con Jesús en el Espíritu Santo”, porque, “es lo que cambia”. Por lo tanto, “no es necesario que un sacerdote adquiera una cultura y elocuencia especiales. Incluso si el sacerdote menos elocuente tiene esta vida y la transmite, la gente se da cuenta“.

En las últimas semanas ha ‘arrasado’ en Youtube y en otros portales de difusión de imágenes el vídeo en el que se ve a las Clarisas de Lerma bailar sevillanas ante el padre Cantalamessa. Éste dice que las monjas han pedido “que no se haga demasiada publicidad sobre esto”, pero es inevitable. Cuenta que todo ocurrió a raíz de una gira por España que realizó por cuenta de la RAI, en la que quería mostrar una imagen de España muy diferente a la que perciben la mayoría de los medios internacionales desde hace algunos años. En suma, que en nuestro país el cristianismo está vivo. “Lo que más me impresionó fue lo de las monjas de Lerma. Mi cámara, que no es hombre de Iglesia, estaba tan conmovido que lloraba. ‘Una experiencia como esta ayuda a vivir 6 meses del año’” me dijo. Yo veía una alegría profunda que brota desde el corazón, no superficial”.

Las monjas de clausura de Lerma bailan sevillanas ante el predicador del Papa.

 

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