Evangelio
A LA PUERTA DE NUESTRA CASA
En la sinagoga de Cafarnaún Jesús ha
liberado por la mañana a un hombre poseído por
un espíritu maligno. Ahora se nos dice que sale
de la «sinagoga» y marcha a «la casa»
de Simón y Andrés. La indicación es importante
pues, en el evangelio de Marcos, lo que sucede
en esa casa encierra siempre alguna enseñanza
para las comunidades cristianas.
Jesús pasa de la sinagoga, lugar
oficial de la religión judía, a la casa, lugar
donde se vive la vida cotidiana junto a los
seres más queridos. En esa casa se va a ir
gestando la nueva familia de Jesús. Las
comunidades cristianas han de recordar que no
son un lugar religioso donde se vive de la Ley,
sino un hogar donde se aprende a vivir de manera
nueva en torno a Jesús.
Al entrar en la casa, los discípulos le
hablan de la suegra de Simón. No puede salir a
acogerlos pues está postrada en cama con fiebre.
Jesús no necesita más. De nuevo va a
romper el sábado por segunda vez el mismo día.
Para él lo importante es la vida sana de las
personas, no las observancias religiosas. El
relato describe con todo detalle los gestos de
Jesús con la mujer enferma.
«Se acercó». Es lo primero que
hace siempre: acercarse a los que sufren, mirar
de cerca su rostro y compartir su sufrimiento.
Luego, «la cogió de la mano»: toca a la
enferma, no teme las reglas de pureza que lo
prohíben; quiere que la mujer sienta su fuerza
curadora. Por fin, «la levantó», la puso
de pie, le devolvió la dignidad.
Así está siempre Jesús en medio de los
suyos: como una mano tendida que nos levanta,
como un amigo cercano que nos infunde vida.
Jesús solo sabe servir, no ser servido. Por eso
la mujer curada por él se pone a «servir»
a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus
seguidores han de vivir acogiéndose y cuidándose
unos a otros.
Pero sería un error pensar que la
comunidad cristiana es una familia que piensa
solo en sus propios miembros y vive de espaldas
al sufrimiento de los demás. El relato dice que,
ese mismo día, «al ponerse el sol»,
cuando ha terminado el sábado, le llevan a Jesús
toda clase de enfermos y poseídos por algún mal.
Los cristianos hemos de grabar bien la
escena. Al llegar la oscuridad de la noche, la
población entera con sus enfermos «se agolpa
a la puerta». Los ojos y las esperanzas de
los que sufren buscan la puerta de esa casa
donde está Jesús. La Iglesia solo atrae de
verdad cuando la gente que sufre puede descubrir
dentro de ella a Jesús curando la vida y
aliviando el sufrimiento. A la puerta de
nuestras comunidades hay mucha gente sufriendo.
No lo olvidemos.
